El ejemplar recuperado incluye partes del cráneo, caparazón y esqueleto, lo que permitió a los investigadores identificar características únicas. Entre ellas se destacan unas crestas longitudinales en el caparazón, rasgo distintivo que no se observa en otras especies conocidas del mismo grupo.
Se trataba de una tortuga de tamaño considerable: su caparazón podía alcanzar unos 80 centímetros de largo. Su anatomía revela una combinación de rasgos primitivos y derivados, lo que la ubica dentro de una rama originaria del grupo, y además sugiere que era una especie de hábitos posiblemente anfibios, que pasaría su tiempo tanto en tierra firme como en ríos o lagunas.
La nueva especie fue denominada Patagoniaemys aeschyli y pertenece a un grupo de tortugas extintas conocidas como Meiolaniformes, famosas por incluir formas robustas e incluso con cuernos en el cráneo. Estos animales habitaron principalmente en los continentes del hemisferio sur, como Sudamérica y Australia, durante gran parte de la historia geológica.
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que las tortugas de la Patagonia no fueron severamente afectadas por la extinción masiva que marcó el final de los dinosaurios. Los datos indican que varias líneas diferentes de reptiles con caparazón, incluyendo los Meiolaniformes, lograron sobrevivir el evento, mostrando una notable continuidad entre las faunas antes y después del evento de extinción.
Los investigadores aún desconocen por qué la gran extensión del meteorito no afectó a las tortugas. Una de las hipótesis indica que, al ser animales de metabolismo muy bajo y que pueden tolerar épocas hostiles hibernando semienterrados en barro o en madrigueras, puede que hayan sobrevivido de esta manera al impacto del meteorito.
El estudio fue encabezado por investigadores del LACEV-Museo Argentino de Ciencias Naturales, Fundación de Historia Natural “Félix de Azara” y Museo “Egidio Feruglio” de la provincia de Chubut. La tortuga finalmente será custodiada por el Museo Provincial “María Inés Kopp” en Valcheta.
Este hallazgo es fruto del trabajo conjunto entre investigadores, instituciones científicas y la Secretaría de Cultura de Río Negro.
A través de la Dirección de Patrimonio y Museos, autoridad de aplicación de la Ley Provincial N° 3041, se gestionan las investigaciones que ponen en valor el patrimonio natural y cultural.
Asimismo, este trabajo fortalece el desarrollo científico y su divulgación en la comunidad. Así, el descubrimiento no solo enriquece el conocimiento paleontológico, sino que posiciona a Río Negro como referente internacional, articulando ciencia y gestión pública para proteger el pasado y proyectar el futuro.