El envenenamiento puede producirse de forma intencional o accidental, principalmente por la exposición a cebos tóxicos, plaguicidas, venenos para roedores, productos de limpieza, medicamentos de uso humano o alimentos peligrosos para los animales.
Ante la posible ingestión de una sustancia tóxica, los síntomas pueden aparecer rápidamente. Es importante prestar atención a salivación excesiva, vómitos o diarrea, temblores, convulsiones, falta de coordinación, dificultad para respirar, debilidad extrema o cambios bruscos en el comportamiento.
Ante situaciones sospechosas de envenenamiento intencional, se recomienda realizar la denuncia correspondiente para su investigación y prevenir nuevos casos. También se aconseja evitar que niños jueguen o tomen contacto con animales envenenados o con el ambiente afectado, e indicarles que informen de inmediato a un adulto.
Quien deba manipular un cadáver debe hacerlo con precaución: usar guantes, colocar el animal en una bolsa de consorcio y realizar un pozo profundo. Se recomienda recubrir con cal viva (opcional) o nafta/gasoil para evitar que otros animales se acerquen, y luego tapar con tierra y piedras para impedir que sea removido.
El cuidado responsable de los animales de compañía es fundamental para su bienestar y contribuye a una convivencia segura en la comunidad.